Berliner Mauer o la sinrazón humana

Como os prometí, os voy a contar algunas cosillas de mi viaje por Alemania. La ciudad que más me impactó, sin duda, fue Berlín. Pasear por Berlín, es recordar parte de la historia del Siglo XX, esa historia que nos recuerda la barbarie de la guerra, del nazismo y más reciente en el tiempo, el padecimiento de un pueblo que quedó separado y enfrentado a causa de la construcción del Muro de Berlín. Pero a su vez también observar su admirable reconstrucción y reunificación. Berlín es una bonita ciudad, llena de canales y ríos, desde los que se puede admirar la belleza de sus edificios y monumentos, donde se mezclan luces y sombras, un pasado muy rico y una oscura historia que permacene presente, en los monumentos a las víctimas, para que los ciudadanos y todos los visitantes, sean testigos de lo que sucedió en las calles o en los edificios de una ciudad que debió renacer de sus cenizas después de la Segunda Guerra Mundial, con el claro objetivo de conocer para que no vuelva a repetirse la historia.
Hoy os voy a hablar de las sombras de Berlin, otro día os hablaré de las luces :-).
Tras mi llegada a Berlín, el primer sitio donde fui fue a la East Side Gallery, el trozo más grande que se conserva del Muro de Berlín. Es algo más de 1 Km de largo de muro de casi 4 metros de altura, decorado por pinturas de distintos artistas, hoy en día algo deterioradas. Al observarlo lo primero que te viene a la mente es hasta donde llega la sinrazón humana de unos gobernantes que llegan al extremo de dividir una ciudad, dividir familias enteras, por el hecho de residir en uno u otro lado de la línea divisoria que se inventaron estos gobernantes y empiezas a imaginar como debió ser, para gente que a lo mejor vivía a un lado y trabajaba al lado y que de repente un día al volver del trabajo te dicen, no, que no se puede pasar al otro lado, pero si mi familia vive al otro lado, pues lo siento, mala suerte. Y mientras los turistas (entre los que me incluyo) se fotografían divertidos en esa línea divisoria, que separaba una ciudad, sus calles, sus habitantes, como una cicatriz (bueno, esa no era exactamente la línea divisoria, porque en este tramo había un doble muro, el terreno el medio era tierra de nadie y se llamaba el "corredor de la muerte" porque quien quisiera cruzar tenía que saltar un muro, correr por el espacio intermedio y saltar el otro muro) enseguida vuelves a tomar conciencia de lo que allí sucedió al ver las lápidas de la gente que murió al cruzar.
Muchas de las pinturas que hoy decoran el muro, son irónicas, otras recordatorias, otras coloristas y otras Picassianas . Variopintas, como la ciudad de Berlín, donde la arquitectura también evidencia los rastros de las profundas diferencias ideológicas y políticas que existieron entre las dos Alemanias que marcaron las calles, las construcciones y la vida cotidiana de sus ciudadanos, pero que hoy es una ciudad moderna, multicultural y que construye su futuro en un país democrático.







chikitona dijo
Felicidades Galako!! Te han publicado en la newsletter!!!
6 Agosto 2008 | 04:22 PM